Hoy, 20 de mayo, por iniciativa de un grupo de Facebook, es el Día Mundial de Dibujar a Mahoma.
Seguro que os acordáis del revuelo que se formó hace unos años con la caricatura que un periódico sueco se atrevió a publicar. Y cuando digo revuelo no me refiero a una serie de protestas formales por la posible ofensa que el dibujo pudo causar a un grupo religioso, sino a una serie de amenazas y avasallamientos por parte de grupos islamistas radicales.
Entiendo que se puede alegar que se deban respetar las creencias personales de cada uno, pero en este caso, el recibir amenazas por hacer algo tan simple como una caricatura, atenta expresamente contra la libertad de expresión. Lo que ocurrió con el periódico sueco se ha repetido varias veces después, la última con un episodio de South Park, que se autocensuró (aunque ya se sabe como es South Park...). En Pakistán, se ha restringido al Facebook hasta finales de este mes para evitar el acceso al grupo antes nombrado (que tiene un contragrupo, y con más seguidores aún). Las reacciones son tan desproporcionadas que me resulta difícil hablar de algo con lo que tengo una postura tan OBVIA.
Así que, como una imagen vale más que mil palabras, me he animado y en media horita con el Paint (que el Photoshop es de maricas) he creado esta obra de arte que tenéis debajo de estas líneas: Mahoma en bicicleta. Que como todo el mundo sabe, cualquiera acojona un poco menos cuando se ve montado en una bicicleta, y más si es de color verde pistacho.
El comienzo de una prometedora carrera en la pintura: 
(Pulsa en la imágen para ampliar)
Hay que puntualizar que este abuso de poder por parte de la iglesia, sea del signo que sea, no solo pasa lejos de nuestras fronteras. Aquí mismo, en España, esta semana se ha impuesto una fianza de 192.000 euros a Javier Krahe por mostrar su corto "Como cocinar a Cristo para dos personas" en TV. El vídeo fue emitido en 2004 en el programa "Lo + Plus" (que buen programa, que recuerdos), y la productora del prógrama deberá pagar otra fianza de 144.000 euros. Todo por un inocente corto de 1978, más chorra que otra cosa:
Hay que joderse.
jueves, 20 de mayo de 2010
viernes, 14 de mayo de 2010

Porque a veces las palabras son inútiles, mera articulación de sílabas que no comunican nada...
Porque en ocasiones hay que dejar que el instinto tome el mando, que la razón quede aparte y que la fiera que llevamos dentro emerja hasta la superficie.
Porque aún guardo el recuerdo de tu mano en mi garganta.
Porque en el sexo hay que explorar nuevos caminos y experimentar nuevas sensaciones o dejarse morir en la rutina y la monotonía.
Porque todos deberíamos experimentar alguna vez en la vida ""le petite morte""
Porque un dulce no le amarga a nadie...
martes, 11 de mayo de 2010
En el trabajo siempre estoy escuchando música. Es algo que me ayuda a pasar el tiempo, y a no ser que la tarea que esté realizando requiera mucha atención, no me quito los cascos de mis orejas raras.
Entre lo que escucho al cabo del día, siempre reservo un hueco de 12.00 a 13.00 para un programa de Radio 3, Siglo 21. La música es generalmente electrónica y poco convencional, siempre novedades. Pero lo que hace de este programa realmente especial es su "Buzón de voz". Una sección donde puede llamar cualquiera, y exponer lo que más le apetezca: se habla de actualidad, a veces de política (ultimamente mucho del caso Gurtel), de ecologismo, de croquetas con bechamel, de contra-consumismo, etc.
En este trocito de programa siempre hay alguna idea que destaca entre tanto chalao ultramoderno. Siempre hay un filósofo de andar por casa que aporta alguna idea, normalmente sin una importancia vital, pero siempre interesante y en la que seguro muy poca gente se ha parado a pensar, a pesar de su evidente obviedad a veces.
De uno de estos anónimos pseudofilósofos es una práctica, un hábito que desde la semana pasada estoy llevando a cabo:
Cuando ya estés en la cama, a punto de cerrar los ojos para intentar dormir, piensa en lo mejor que te ha pasado durante ese día. Puede ser una conversación, alguien que hayas conocido, algo que por fin hayas conseguido realizar o simplemente el hecho de que hayas disfrutado de otro día más con normalidad. Sea como fuere, seguro que encuentras algo por lo que merezca la pena cerrar los ojos y descansar, descansar para vivir otro día con plenitud.
sábado, 8 de mayo de 2010
Hubo una época en que pasaba dos horas diarias en transporte público para ir a trabajar, generalmente iba en autobús y volvía en tren.
El viaje del autobús era tranquilo siempre y cuando te acordaras de llevar el mp3 y te incrustaras bien a fondo los auriculares en el tímpano; pero el regreso en tren era de todo menos reposado: no valía de nada el escape de la música, en el pasillo la gente hablaba a voces, cantaba o bailaba ajenos al traqueteo continuo.
De los usuarios habituales que formaban esta fauna humana destacaba un tipo del que siempre solía huir, ya que siempre se ponía de cara a mí en el asiento contrario y me iba sacando fotos con el movil mientras yo procuraba poner cara de poker y miraba por la ventana por no defecarme en sus difuntos.
Para evitar que se sentara justo enfrente de mí y me diera conversación, tortura de la que no siempre pude zafarme, agradecía cualquier distracción por mínima que fuera. Así fue como comencé a hablar con uno de los revisores de la línea.
No era joven en absoluto, de hecho tenía una hija un par de años más joven que yo, pero tenía un atractivo innegable, y en sus ojos brillaba el deseo de compañía casi tanto como el alcohol. Se sentaba siempre que coincidíamos enfrente de mí e intercambiabamos problemillas e ilusiones, me dejaba viajar gratis, se recreaba en mi escote y alguna vez pude aspirar su aroma mezclado con la colonia que usaba.
Cuando le dije que dejaría de viajar con él su mirada se nubló y dejó caer todo su peso en el asiento, como si de veras le importara que no fueramos a vernos más.
En la despedida leí en su mirada que hubiera querido algo más. Creo que yo hubiera accedido.