Corría el año 1987 cuando me aprendí de memoria esta canción a fuerza de escucharla una y otra vez en el desvencijado radiocasette del 127 rojo de mi padre.
Quién me iba a decir que, después de tantos años, cuando resuena en mi cabeza no es la voz de Bunbury la que oigo, si no la tuya...
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