Un cuento con final

domingo, 27 de febrero de 2011

 

Nadie había previsto que pudiera ocurrir, que el cuento se escapara de sus cauces y tuviera otra final ¿Por qué habrían de preverlo? Siempre había ocurrido de la misma forma y siempre ocurriría igual. Por culpa de esa idea arraigada en la mente de todos sucedió lo impensable.

La colocaron en el claro más claro dentro del umbrío bosque, a unos pasos del Camino de la Montaña, donde pudiera escucharse el arroyo Cantarín y donde los últimos rayos de sol de la tarde le iluminaran completamente. Ni por un momento pensaron enterrarla, aun muerta, parecía tener más vida en su interior que todos los seres de su alrededor. Sus mejillas permanecían sonrosadas y frescas, sus labios entreabiertos semejaban pétalos de rosa. Alguien sugirió embalsamarla para que su belleza permaneciera intacta por siempre... pero nadie se atrevió a hundir la hoja en su piel de alabastro, así que decidieron enclaustrarla en un féretro cristalino, donde todos los que pasaran por delante de ella pudieran admirarla y presentarle sus respetos. Y también lo hicieron así porque...bueno, porque era lo que se esperaba de ellos.

Ni por un momento nadie en el pequeño reino se imaginó que alguien pudiera hacer algo que no fuera con su condición de personaje de cuento. En todos los años que recordaban, todas las Caperucitas, ya fueran rojas, azules o amarillas, habían cruzado el umbrío bosque y se habían adentrado en la casa de la abuelita donde se encontraba el correspondiente lobo disfrazado. Todas las bellas se habían pinchado con la rueca y habían dormido mil años, esperando al príncipe que las despertara; todas las cenicientas habían servido como criadas a sus hermanas sin pensar ni un momento en escaparse, regodeándose en su interior en su victimismo y heroicidad. Todas las blancanieves, en fin, habían huido de la malvada reina refugiándose en el umbrío bosque y todas habían muerto al mordisquear una manzana letal. Hasta ahora.

No es que esta blancanieves tuviera nada de particular, no era ni más tonta, ni más lista, ni más atrevida, ni más tímida; sólo tenía un pequeño defecto: no le gustaban las manzanas. Así que cuando apareció la malvada reina en la pequeña casita dentro del umbrío bosque disfrazada de anciana y le ofreció la fruta, la mordisqueó por compromiso pero no la tragó. El veneno que había en su interior no la mató porque no llegó a su estómago, pero era lo bastante fuerte como para dejarla inconsciente durante horas. En ese estado la dejó la vieja reina, feliz por haber logrado su cometido, y así la encontraron los enanos, que la lloraron como una hija, una amiga, una sirvienta, una amante fiel.

Blancanieves no tenía trajes de gala, ni vestidos de noche, así que para que estuviera un poco más presentable en su féretro de cristal, la vistieron con el virginal camisón blanco; peinaron su negro y reluciente cabello y la adornaron aún más colocándole alrededor del lindo rostro y el cabello oscuro flores silvestres que crecían en el campo.

La llevaron al claro más claro dentro del umbrío bosque, a unos pasos del Camino de la Montaña, donde se escuchaba el arroyo Cantarín y donde los últimos rayos de sol de la tarde le iluminaran completamente. Los enanos fueron todo el camino acompañados de los animales del bosque, que asistían a todos los eventos en que estuviera involucrada una bella joven que viviera en el umbrío bosque. Y allí la dejaron.

Cuando a las pocas horas de encontrarse en el claro más claro dentro del umbrío bosque, despertó de su inconsciencia, no sabía donde se encontraba, ni cómo había llegado hasta allí, además, una extraña fuerza le impedía hacer casi ningún movimiento y tenía que permanecer tumbada quisiera o no. Tardó un buen rato en darse cuenta de la realidad de lo ocurrido... se encontraba amortajada, en una campana de cristal, sola y abandonada en el umbrío bosque, dada por muerta por toda la gente que conocía y por todos los seres vivos que moraban a su alrededor. Notaba como, poco a poco, el aire se le iba agotando.

En la negra espesura del umbrío bosque, con los ojos desorbitados y las uñas clavadas en la garganta, Blancanieves se axfisiaba.

0 comentarios: