Escribe la otra parte implicada en este blog, decir que es el ala izquierda de Ícaro podría ser una buena analogía: Al igual que el mito del hemisferio cerebral del mismo lado, me atrevo a aventurar que será quien de al blog su parte más racional, más lógica, más "todo tiene una explicación científica". No es que esté carente de emociones, pero creo que esa parte es más propia del ala derecha, que además en cierto sentido las controla mejor. En cualquier caso, el tiempo dirá si este reparto de papeles se ajusta a la realidad.
Empiezo este blog hablando de algo que me ha ocurrido hace escasos 20 minutos. Estaba esperando el bus en el que ahora viajo, sentado en un banco de la estación con mi netbook en las rodillas. Levanto la cabeza y veo que se me acerca un chico, unos 16-18 años, ecuariano o colombiano. Me mira, y dice "Perdona, me puedes...". Y aqui el motivo de esta entrada: mi reacción. Instintivamente, pongo la mano derecha detrás de la pantalla del netbook y lo medio cierro. El chico me mira un poco sorprendido, y con una medio sonrisa dice "Tranquilo, que no te voy a llevar el ordenador". Yo, algo avergonzado por mi estúpida reacción, le contestó que podía estar seguro de ello, que simplemente lo iba a recoger porque ya iba a bajar a la dársena y bla, bla, bla. Al final resultó que lo que quería era cambiar la tarjeta de su móvil al mío para hacer una llamada, que estaba sin batería. Naturalmente, se lo dejé.
Sobre lo que quiero hacer hincapié es que simplemente por su aparencia, o su nacionalidad, diera por hecho que venía interesado en el portátil. Estaba dentro de la estación, no era para nada un lugar solitario, no me vale la excusa de que intentaba proteger lo que es mío. La realidad es que le estaba prejuzgando como ladrón, y lo peor es que, aunque me cueste reconocerlo, sé que si no hubiera sido un extranjero no hubiera desconfiado. Eso es triste, muy triste. Me gustaría decir que mis prejuicios son el fruto de esta sociedad intolerante, competitiva e insolidaria y mil milongas más, pero no sería cierto. Lo cierto es que no puedo hallar una explicación, o tal vez no pueda reconocer que en cierto modo soy igual a aquellos intolerantes que tanta repulsa me causan. Leyendo como me presentaba el ala derecha, creía tener otra mentalidad: pero he visto que mucho viajecito y mucho mundo visto, al final no me ha servido para tanto como pensaba.
Ya en el bus, he pensado sobre ello. ¿Cómo se habrá sentido? Me pongo en su lugar: con educación voy a pedir un favor a alguien y éste desconfía de mí, simplemente porque soy extranjero.
Este no es un post para valorar el índice de delincuencia en extranjeros ni nada por el estilo, simplemente es para dar un toque de atención acerca de esos prejuicios, esas bola de desconfianza y recelo que todos podemos guardar dentro, aunque nunca lo imaginasemos.
P.D.: Para más inri, resulta que después, hablando con él, me dí cuenta de que es mi vecino.
viernes, 22 de enero de 2010
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