La felicidad está escondida en la sala de espera de la felicidad

domingo, 7 de febrero de 2010

 

Así titula un capítulo Eduardo Punset, en su libro "El viaje a la felicidad". Libro que personalmente recomiendo. Se trata de un acercamiento desde el punto de vista de la ciencia, y más concretamente de la biología, a la forma en que nuestro organismo induce a la felicidad o a la falta de la misma. Así pues, la felicidad, una de las emociones más complejas de la que disponen los anímales (no es exclusiva de los humanos, aunque mucha gente lo piense así), se puede estudiar y explicar desde un punto de vista puramente biólogico, como casí todo en la vida, mediante el estudio de los mecanismos y reacciones que la provocan. Emoción compleja por ser el conjunto de otras emociones (amor, ausencia de dolor, etc).

Me voy por las ramas. Para explicar lo que quiero en este post voy a poner un ejemplo con los perros (cuyo hipotálamo difiere en muy poco con el de los humanos). Si has tenido algún perro, te habrás dado cuenta de que, a la hora de llenarle el plato con pienso o lo que sea para comer, el perro se vuelve loco de alegría: mueve el rabo, da saltitos, algún ladrido... Sin embargo, en el momento en que ya tiene su plato lleno y puede empezar a comer, se lo toma con calma, pierde el interés tan exagerado que tenía por la comida antes de servirsela o incluso no se termina el plato.

¿Curioso, no? ¿Cómo ha podido perder su interés tan pronto? La explicación científica a este hecho es que en el hipotálamo del perro (y de los humanos) está lo que los científicos llaman el circuito de la búsqueda. Este circuito, que activa los resortes de placer y felicidad, solo se enciende durante la búsqueda de alimento, y no en el propio acto de comer. La felicidad en el perro está en el momento en que está esperando, a la expectativa, sabiendo que va a comer, aventurando lo que va a pasar. Sin embargo, una vez que tiene asegurada su comida, se calma, y vuelve a un estado más natural y sosegado con sus preocupaciones cotidianas (las que pueda tener un perro...). Esto puede tener sentido para la perpetuación de la especie, el perro debe estar continuamente buscando su próxima fuente de alimento (o una pareja para reproducirse, o cualquier otra cosa que ayude a no extinguir la especie), en lugar de regocijarse y conformarse con lo que tiene hasta ahora.



Extrapolemos esto a los humanos. Por ejemplo, quien no se siente alegre y con un estado de ánimo mejor pensando en el viaje que va a hacer el fin de semana próximo. Solamente en pensar en ese viaje, en hacer preparativos, en buscar alojamiento o medio de transporte aventurando lo que va a venir, hace que los problemas cotidianos sean menores y se esté de mejor humor. Da igual incluso que se esté agobiado en el trabajo, uno se imagina lo que va a suceder el fin de semana siguiente y de esta forma se evade.
El problema, tal vez, es que durante tanto tiempo y con tantas ganas se ha estado pensando en el acontecimiento futuro que va a reportar felicidad, que es posible que ese acontecimiento no llene las expectativas tan grandes que uno se ha hecho. En otras palabras, el viaje acaba decepcionando, por que antes se había idealizado con unas circunstancias que no se cumplieron (sí, estuvo bien, pero...)

Sin embargo, a menudo se dice que "todo sale mejor cuanto menos lo planees" (algo discutible, en la práctica). Pero esta frase viene a corroborar la idea fundamental de este post, cuando no te has hecho ilusiones que no se pueden cumplir acerca de algo, al final en ese algo se superan con mucho las expectativas que tenias, posiblemente debido a que no se siente la presión de cumplirlas. Quien no ha salido alguna vez de noche "por salir un rato, a tomar una cerveza, y pa casa", y ha acabado volviendo a las 8 de la mañana, y sin tener un segundo de aburrimiento.

Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que uno no debe aventurar e imaginar hechos futuros satisfactorios para consigo, o que no debe crear ilusiones y expectativas soñando con algo mejor. Al contrario, yo no sabría vivir conformándome simplemente con lo que tengo, sin soñar con nuevos retos, o sin plantearme nuevas metas. La conclusión que quiero sacar es que lo óptimo sería que al igual que se disfruta con los preparativos y aventurando algo, se disfrute en el momento durante el que sucede ese algo. Sé que es dificil, posiblemente porque para eso haya que contradecir la manera en la que nuestro organismo está diseñado, pero se puede intentar en mayor o menor medida.

Y no olvidar que la felicidad no es un fin, sino un camino.

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